Radiografía de Degas


En la sombrerería, Edgar Degas (1882)

Publicado en El Asombrario / publico.es, 30 de diciembre 2025

Una mujer, en una sombrerería de París, se prueba un sombrero. A finales del siglo XIX hay en París más de 300 sombrererías parecidas a esta: un saloncito empapelado con los modelos expuestos en los mostradores o las peanas, con algunas butacas o sillas frente a los espejos para probarse cómodamente, como hace ahora esta mujer acompañada por su amiga. Con las manos enguantadas ajusta sobre su cabeza un sombrero de tono oscuro, azulado, adornado con plumas y una banda ancha –terciopelo, quizá- que hace juego con su vestido. Ha debido escoger el más sobrio de toda la tienda, porque en primer plano destacan otros modelos más alegres con flores, plumas y cintas de colores. Pero como seguramente le está comentando su amiga, no parecen muy adecuados para este tiempo invernal.  

 

Edgar Degas (1834-1917) pintó al pastel esta escena en 1882. Tiene tanto movimiento, está tan viva, que parece estar sucediendo mientras la contemplas. El mismo efecto que anima sus famosas series de bailarinas, donde si observas un rato casi puedes oír hasta la música. “Hace tiempo que teníamos en mente estudiar la obra de Degas”, me está contando Alejandra Martos, responsable del Área de Restauración del Museo Thyssen, que ha dedicado más de un año –apasionante, dice- a su investigación. “La verdad es que decidimos hacer protagonista a En la sombrerería un poco por justicia. Aunque las bailarinas son su tema más conocido y frecuente –creo que hay unas 1500- Degas produjo muchísimo, con técnicas muy distintas, y no hizo siempre lo mismo. Además, nunca habíamos estudiado en profundidad un pastel; en nuestra colección hay mucha variedad pero sobre todo tenemos pintura al óleo, sobre tabla o sobre lienzo, y en esta obra tenemos un soporte y una técnica distinta, y además es Degas, y además queríamos destacar la importancia de esta sombrerería, que si no es la primera que pintó creemos que es la segunda.”

 

El museo ha creado un espacio expositivo en la sala 33 protagonizado por el cuadro, del que se muestra también la trasera para poder observar el montaje original. “Hemos hecho una caja climática nueva para esto. La obra está muy estable; hemos tenido la suerte de que los propietarios anteriores la han conservado muy bien, porque es muy frágil, el soporte es solo un cartón sobre que hay un papel y luego está pintado, y ya está”, me explica Martos. Una gran pantalla interactiva completa la instalación, donde se pueden ampliar las secciones del cuadro, seguir el proceso del estudio y entender los detalles técnicos del mismo.    

Dibujante minucioso, a Degas no le gustaba que lo relacionasen con el impresionismo porque decía que él era un pintor realista. Mientras sus coetáneos plasmaban exteriores y paisajes, él prefería las escenas de la vida cotidiana y hacía infinitas variaciones sobre un mismo tema para destacar las actitudes de sus personajes en la intimidad, que aparecían en composiciones descentradas, espontáneas, como en una fotografía. Dedicó veintisiete pinturas al tema de las sombrererías, en su mayoría pasteles como el que se expone aquí en el Thyssen. “Su formación es muy académica y era un gran dibujante”, me explica Alejandra, “pero también pintó con otros muchos materiales como la pintura a la esencia, que es cuando coges el óleo y le extraes el aceite para que quede más denso; siempre estaba probando nuevas técnicas y materiales. Y quería controlarlo todo: el proceso, el acabado, hasta la manera en que sus cuadros evolucionarían en el futuro. Una de las cosas que me parece muy divertida es que lavaba las barras de pastel y las secaba al sol para envejecerlas y que no cambiasen su tonalidad con el tiempo. Yo me lo imagino siempre inquieto, dándole a la cabeza: cómo hago esto, y si uso esto, si lo seco así o asá…”

 

Hace 20 años que Alejandra Martos trabaja en el área de restauración del museo. Por cómo cuenta los pasos que fue dando en esta investigación, y el énfasis cordial de su voz y de sus manos, yo la imagino de pronto igual que veía ella a Degas, con la misma inquietud y pasión con la que el pintor indagaba en técnicas y motivos. Charlamos en el espacio expositivo sentadas en el borde de la tarima, mientras los visitantes recorren la sala y se acercan a descubrir los detalles ocultos en las dos mujeres de la sombrerería, sin prestarnos atención. “Es una gozada poder tener tiempo para estudiar una obra, y ha sido más de un año observando, ampliando. Según avanzábamos, llegó un momento en que hablé con el director artístico y le dije que el estudio estaba dando mucho más de lo que yo pensaba. En estos proyectos siempre hay muchas personas alrededor: la fotografía técnica, la radiografía, el químico, la restauradora de papel que ha estudiado el soporte, y luego siempre hay conversaciones entre nosotros y con otros museos, y con los resultados que obtienes a veces puedes lanzar una hipótesis muy sólida acerca de los procesos, o saber con exactitud cómo el pintor pensó y ejecutó su obra; es como meterte en su cabeza. Por ejemplo, se cree que muchas veces, en vez de usar carboncillo para hacer el dibujo, Degas lo trazaba con el propio pastel, y es lo que creemos que pasa aquí porque no hemos encontrado carboncillo. También vertía agua hirviendo sobre el color para empastar algunas zonas; esto lo vemos en los fondos de los vestidos donde la pintura crea una masa más homogénea.”

 

En la sombrerería está pintado sobre un simple cartón, pero no todos los pasteles del artista tienen el mismo soporte y este es otro de sus misterios. Degas empezó a trabajar con el pastel porque no veía bien, se estaba quedando ciego y quizá le resultaba más fácil que el óleo. Pero cuando observas en las ampliaciones de la pantalla interactiva los detalles del cuadro, surgen trazos y matices tan nítidos que resultan imposibles. “¿Fácil?”, dice Martos. “Nosotros hemos analizado esta obra con una técnica de fluorescencia por rayos X: es como una pistola que disparas en la superficie y atraviesa todas las capas, y te dice todos los materiales que encuentra. Cuando yo disparo y me aparecen muchísimos pigmentos en un mismo punto, empiezo a preguntarme cuántas capas de pastel hay ahí. Se sabe que Degas usaba fijativo en sus pasteles. Muchos conservadores e historiadores dicen bueno, pues así quedaba fijado, pero desde el lado de la restauración insistimos en que el pastel es una técnica muy frágil: una barrita de color que pasas por encima de un papel y no seca, no endurece, y además se emborrona; por mucho que fijes lo haces solo en superficie, así que con una pericia asombrosa el artista aplicaba fijativo en cada capa para poder trabajar sobre ella después, sin que los tonos se mezclasen.”

 

 A Degas le obsesionaba además que el acabado de sus obras fuese mate, y los fijativos que existían en el mercado alteraban los tonos y para colmo aportaban brillos. Pero su amigo Luigi Chialiva, un pintor italiano que vivía en Écouen, a las afueras de París, y que tenía conocimientos químicos, elaboró uno especialmente para él que no alteraba el color ni el aspecto mate del pastel, y cuya fórmula era desconocida hasta hoy. “Se había mantenido en secreto, aunque se pensaba que tenía caseína”, dice Martos. “La caseína es flexible y seca rápido, y proporciona ese acabado mate y aterciopelado al pastel. Pinchando una muestra diminuta en un lateral de la obra hallamos una partícula de proteína que solo podía pertenecer al fijativo, a la caseína. Y entonces, mientras investigo, doy con la entrada de un registro en la Oficina de Patentes de Estados Unidos en 1899 que describe un fijativo cuya base es caseína pura disuelta en agua destilada saturada con bórax y mezclada con alcohol puro, y está firmado por Chialiva y Jules Dupont, de Écouen, Francia. Y esto solo podía ser el fijativo que creó especialmente para su amigo Degas, así que creo que hemos resuelto el enigma.”

 

Avanza la mañana y ahora hay más visitantes recorriendo la sala. Una pareja se ha detenido ante la pantalla y la mueve con los dedos para ampliar y seguir los textos explicativos. Luego se acerca al cuadro y lo contempla durante un rato largo, en silencio. De pronto pienso que cuando entiendes el misterio de una obra atraviesas de golpe, como en un destello, todo el mundo interior del artista. Contemplas su mente durante un instante turbador y vertiginoso a la vez. “Es muy bonito hacer todo este camino”, dice Alejandra Martos, como si me leyera el pensamiento. “Somos restauradores, nosotros lo que queremos es entender el cuadro para conservarlo mejor. Si además encontramos cuatro cosas que mínimamente sumen y luego todo esto lo puedes contar aunque sea de una manera sencilla, es maravilloso. Yo veo la reacción de la gente viendo la pantalla, ampliando las imágenes, o que te dicen: oye estuve viendo Degas pero qué maravilla… Es algo así como poder llegar y culminar lo que has hecho.”

 

 

Edgar Degas. En la sombrerería.Estudio técnico de un pastel

Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Madrid

Hasta el 1 de marzo de 2026

 

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