2. Veo en los cines Renoir de Princesa, que aún luchan en Madrid por mantenerse a flote, la película de Margarethe Von Trotta sobre Hannah Arendt. La magnífica interpretación de Bárbara Sukova muestra a una Hannah fiel a la imagen que se podría tener de ella: una mujer en permanente estado de reflexión, fumando con gravedad un cigarrillo tras otro, y cuya inteligente mirada se abstrae en aquellas parcelas de la realidad que siempre están en la penumbra. Es, a ratos, un poco demasiado Hannah, como un probable arquetipo de la pensadora. Durante la película me estremecen esas conocidas imágenes de Eichmann ante el tribunal judío, ese gesto involuntario con el que tuerce la cara y se muerde la boca de un modo impaciente, como si lo que escucha no fuese una descripción del horror sino una historia demasiado larga que tampoco le interesa mucho. A veces incluso sonríe, pero no parece sonreír por nada en concreto, y tras los gruesos cristales de las gafas tampoco observa nada en concreto; sus ojos son los de un autómata, un hombre sin alma. Como algo que me fuese familiar, tras estos planos me asaltan los planos de otros semblantes similares en otros juicios que han salido en los noticiarios. En la pantalla continúa desarrollándose con eficaz imparcialidad el guión histórico de lo que ocurrió, pero yo echo en falta una visión más comprometida respecto a la filósofa, algo así como una exposición de su alma, de las consecuencias más íntimas tras su valiente análisis sobre aquel juicio, sobre Eichmann, sobre sus teorías acerca del aspecto estúpido y patético de lo monstruoso, ese factor anodino de lo horrible tan consustancial a nuestra naturaleza. Quizá hubiera querido ver en el rostro de Bárbara Sukova el impacto que tras el juicio tiene en Arendt la conclusión de que la banalización del mal es esa posibilidad que tenemos de cometer atrocidades llevados por una ausencia de reflexión, por la falta de diálogo con nosotros mismos, que es lo que nos convierte en individuos y nos distingue de la masa.
(Hannah Arendt, prólogo a Los orígenes del totalitarismo)





